¿Somos buenos seductores?

ImagenSusan Sontag, ensayista y novelista americana decía: “El arte es seducción, no rapto”.

Muchos, y opino que de forma adecuada, pensamos que por mucha guía de buenas prácticas, metodología, procesos, plantillas,…., la dirección de proyectos y de personas (sino es lo mismo), no deja de ser un arte.

Y siguiendo las palabras de Sontag, el arte es seducir.

La complejidad de los proyectos, el número de interesados y sus necesidades e intereses,  aún en los proyectos más “sencillos” si estos existen,  hace necesaria una buena dirección para conseguir el éxito del proyecto.

Los diferentes departamentos, las diferentes unidades funcionales, la idiosincrasia de cada uno de los interesados, …, hace que el director de proyectos tenga que desplegar al máximo su capacidad, para consensuar e hilvanar un hilo conductor que consiga los objetivos para los que se lanza el proyecto.

En este hilo es donde los interesados deben ver reflejadas sus necesidades para luego explotar los resultados del proyecto y conseguir el mayor beneficio posible para el cuál fue ideado.

Las áreas, muchas veces estancas (también conocidas por “este proyecto no es mi negocio”), y las diferentes personas que participan en los proyectos, van a requerir del director de proyecto el usar al máximo su capacidad de influencia, de seducción.

Hacer ver que se entiende su situación y problemáticas, que se vela por sus intereses, en definitiva hay que seducirlos, ganar su ánimo para el proyecto. No sirve de nada que sepamos que se están cubriendo sus necesidades, que el proyecto cumple los objetivos,…., sino son conscientes y lo valoran. Lo contrario por supuesto es engaño y aunque engaño también es una acepción de seducir, no es la correcta ni la que debemos pretender.

La dirección de proyectos no es rapto, no debe ir contra la voluntad sino con la voluntad. No podemos tener participantes “secuestrados” de un proyecto cuyo rescate, cuya libertad es la finalización del proyecto.

Y hay que considerar todas las voluntades, también conociendo y aplicando las jerarquías para marcar límites. La seducción o influencia debe también marcar límites que debemos gestionar, y con gestionar me refiero a consencuarlos y comunicarlos de forma que todos los participantes sepan a que atenerse si se sobrepasan.

En muchas ocasiones nos quejamos de que superan estos límites, requerimientos que no terminan, cambios continuos, participación inadecuada en la ejecución,…., pero ¿hemos marcado esos limites?¿Están comunicados?  Hay que ser riguroso seduciendo/influyendo y pensar que el marcar y ejecutar unos límites, también seduce, fundamentalmente al sponsor que ve como resultado que sus proyectos avanzan.

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